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lunes, 24 de octubre de 2022

Los mejores juegos de NES para mí...

  •  Super Mario Bros 3 (Nintendo) (1988) (Plataforma)
  • The Legend of Zelda (Nintendo) (1987) (Acción y aventura)
  • Metroid (Nintendo) (1986) (Plataforma, Beat 'em up)
  • Mega Man 2 (Capcom) (1988) (Plataforma, Acción )
  • Excite Bike (Nintendo) (1985) (Sport, Carrera)
  • Punch-Out!! (Nintendo) (1987) (Sport, Boxeo)
  • Battletoads (Rare,1991) (Plataforma) 
  • Captain Tsubasa Vol. II: Super Striker (1990) (Tecmo) (Sport, RPG)
  • Tetris (Nintendo) (1990) (Puzzle)
  • Duck Hunt(Nintendo) (1984) (Nintendo Zapper) 
  • River City Ransom (Technōs Japan) (1985) (Beat 'em up)
  • Teenage Mutant Ninja Turtles II(Konami) (1989) (Beat 'em up)
  • Ghosts N' Goblins (Capcom) (1986)(Plataforma)
  • Castlevania III: Dracula's Curse (Konami) (1989)(Plataforma)
  • Rad Racer (Nintendo) (1987) (Carrera)

sábado, 22 de octubre de 2022

Hermetiques

La tríada hermética: Dios, cosmos y hombre

Primero Dios, segundo el cosmos, tercero el hombre (SH XI, sent. 6).

Porque el Bien es inalienable e inseparable de Dios: es Dios mismo (CH II B 16).

"Lo que está arriba es como lo que está abajo"

Los siete principios herméticos "Los principios de la verdad son siete; el que comprenda esto perfectamente, posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par". (El Kybalion)

Los siete principios sobre los cuales se basa toda la Filosofía Hermética son los siguientes:

  1. "El todo es mente, el universo es mental".
  2. "Como arriba es abajo, como abajo es arriba".
  3. "Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra".
  4. "Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semi-verdades; todas las paradojas pueden reconciliarse".
  5. "Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve, como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación".
  6. Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley".
  7. "La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos".




El desarrollo del individualismo es un esfuerzo del hombre para prevenirse  contra los poderes del capital y el Estado. Creyó que podía liberarse por completo del Estado y de la sociedad, diciendo: "Con el dinero puedo comprar lo que necesite". Pero es un camino equivocado y la historia moderna le lleva confesar que sin el concurso de todos no se puede hacer nada, aunque tuviese sus arcas llenas de oro. Piotr Kropotkin

Al negocio no le ineteresan las necesidades de la sociedad, sólo trata de aumentar las ganancias del negociante. Por eso, la industria fluctúa constantemente y está en crisis crónica.Piotr Kropotkin






La Republica, Platón, Libro VII , lla alegoría de la Caverna 

La alegoría pretende dar una imagen a lo que no tiene imagen, para que pueda ser mejor entendido por la generalidad. Dibujar lo abstracto, hacer «visible» lo que solo es conceptual, obedece a una intención didáctica. Así, una mujer ciega con una balanza es alegoría de la justicia, y un esqueleto que porta una guadaña es alegoría de la muerte.  (Wikipedia )

Cuatro etapas del conocimiento , cuatroformas etapas del conocimiento

Metafora=Luz=Conoceres ver
Luz, libertad, conocer, alto... bajo, prisión, pasiones del cuerpo, vicios, fondo de la caverna, ignorancia. 

Opinión Doxa
Eikasia=Imaginación=Sombras
El esclavo no sabe que son esclavos
Pistis=Creencia=Titeres iluminados por el fuego
fuego=luz ficticia

El mundo sensible es efímero y contradictorio. La ideas son permanetes 

No confiar en lo cotidiano, la sociedad que es justa hoy puede ser injusta mañana. Un cuerpo hermoso, envejece y luego muere. Una persona es bella porque participa de la sombra de la Belleza 

Cuesta salir de la caverna, acustumbrarse a la luz, a lo que lo rodea y elevar su mirada hasta el origen de la luz, el Sol, el Bien
 
Los esclavos no quieren salir y pueden inclusive atacarlo 

La cuerva representa el mundo se los sentidos
El afuera de la caverna representa el mundo de las ideas 

Conocimiento (Episteme)
Dianoia (pensamiento descursivo)
Noesis (inteligencia), Razón 
El Bien, el Sol, la Idea

El objetivo de la educacion en la ciudad ideal es hacer que los ciudadanos salgan de la caverna.

La educacion es una cuestion de estado

Vuelve a la caverna para contribuir para sacar a los esclavos de las cavernas

La educacion es el mecanismo de autoreproduccion del estado , de producir ciudadanos 

Un individuo (ciudadano) es como un estado (una polis)

Las tres partes del alma se corresponden a las tres clasessociales que forman el estado

El individuo se autogobierna exactamente como se autogobierna el estado

El estado se hace alma.

La filosofía de Platón es una tercera posición, frente al tradicionalismo inmóbil y frente al relativismo de los sofistas.

Matrix, la pelicula 


¿Coincidís con Camus en este párrafo de su obra el Mito de Sísifo?
"La vida es un absurdo.
Cuanto antes lo admitamos, mejor nos irán las cosas.
Es una lucha continua por y para ninguna finalidad concreta. 
Simplemente sentimos que queremos, y luchamos por satisfacer eso que queremos. 
Y así, día tras día, subimos la pesada piedra de la necesidad. 
Una necesidad absurda (irracional), porque no sabemos por qué deseamos lo que deseamos, ni por qué estamos obligados a satisfacer ese deseo salvo pena de sufrimiento.
Y nuestro destino final es, si cabe, más absurdo aún: el olvido. 
Miles de millones de personas ya han pasado su vida subiendo la pesada carga de la necesidad, y de sus vidas no queda ni el más mínimo recuerdo. 
Con nosotros ocurrirá igual. Más pronto que tarde, todos moriremos, y con nuestra muerte llegará el olvido. 
En pocas décadas, no quedará ni rastro de nuestro paso por este mundo: Es, como no podría ser de otra forma, un final absurdo, para una vida absurda.
Pero, ¡ojo! no es algo malo que así sea. El absurdo no tiene que ser trágico.
Cuando alguien te cuenta un chiste, te ríes del absurdo de la situación; del choque emocional entre lo que esperas que pase y lo que realmente pasa. 
Con la vida pasa lo mismo; esperamos sentido, y nos encontramos un sinsentido; pero esta situación hay que tomársela como lo que es, como una broma supina."
*Albert Camus /El mito de Sisifo


Lo absurdo y el suicidio


No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio.
Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta
fundamental de la filosofía. Las demás, si el mundo tiene tres dimensiones, si el
espíritu tiene nueve o doce categorías, vienen a continuación. Se trata de juegos;
primeramente hay que responder. Y si es cierto, como pretende Nietzsche, que un
filósofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se advierte la importancia
de esa respuesta, puesto que va a preceder al gesto definitivo. Se trata de evidencias
perceptibles para el corazón, pero que se debe profundizar a fin de hacerlas claras
para el espíritu.


Si me pregunto en qué puedo basarme para juzgar si tal cuestión es más
apremiante que tal otra, respondo que en los actos a los que obligue.


Nunca vi morir a nadie por el argumento ontológico. Galileo, que defendía una
verdad científica importante, abjuró de ella con la mayor facilidad del mundo,
cuando puso su vida en peligro. En cierto sentido, hizo bien. Aquella verdad no valía
la hoguera. Es profundamente indiferente saber cuál gira alrededor del otro, si la
tierra o el sol. Para decirlo todo, es una cuestión baladí. En cambio, veo que muchas
personas mueren porque estiman que la vida no vale la pena de vivirla. Veo a otras
que, paradójicamente, se hacen matar por las ideas o las ilusiones que les dan una
razón para vivir (lo que se llama una razón para vivir es, al mismo tiempo, una
excelente razón para morir)
. Opino, en consecuencia, que el sentido de la vida es la
pregunta más apremiante. ¿Cómo contestarla?
Con respecto a todos los problemas
esenciales, y considero como tales a los que ponen en peligro la vida o los que
decuplican el ansia de vivir, no hay probablemente sino dos métodos de
pensamiento: el de Pero Grullo y el de Don Quijote. El equilibrio de evidencia y
lirismo es lo único que puede permitirnos llegar al mismo tiempo a la emoción y a la
claridad
. Se concibe que en un tema a la vez tan humilde y tan cargado de patetismo,
la dialéctica sabia y clásica deba ceder el lugar, por lo tanto, a una actitud espiritual
más modesta que procede a la vez del buen sentido y de la simpatía.


Siempre se ha tratado del suicidio como de un fenómeno social. Por el
contrario, aquí se trata, para comenzar, de la relación entre el pensamiento individual
y el suicidio. Un acto como éste se prepara en el silencio del corazón, lo mismo que
una gran obra. El propio suicida lo ignora. Una noche dispara o se sumerge. De un
gerente de inmuebles que se había matado, me dijeron un día que había perdido a suhija hacía cinco años y que esa desgracia le había cambiado mucho, le había
"minado". No se puede desear una palabra más exacta. Comenzar a pensar es
comenzar a estar minado. La sociedad no tiene mucho que ver con estos comienzos.
El gusano se halla en el corazón del hombre y en él hay que buscarlo. Este juego
mortal, que lleva de la lucidez frente a la existencia a la evasión fuera de la luz, es
algo que debe investigarse y comprenderse.

Muchas son las causas para un suicidio, y, de una manera general, las mas
aparentes no han sido las más eficaces. La gente se suicida rara vez (sin embargo, no
se excluye la hipótesis) por reflexión. Lo que desencadena la crisis es casi siempre
incontrolable. Los diarios hablan con frecuencia de "penas íntimas" o de
"enfermedad incurable". Son explicaciones válidas. Pero habría que saber si ese
mismo día un amigo del desesperado no le habló con un tono indiferente. Ese sería el
culpable, pues tal cosa puede bastar para precipitar todos los rencores y todos los
cansancios todavía en suspenso

.
Pero si es difícil fijar el instante preciso, el paso sutil en que el espíritu ha
apostado a favor de la muerte, es más fácil extraer del acto mismo las consecuencias
que supone. Matarse, en cierto sentido, y como en el melodrama, es confesar. Es
confesar que se ha sido sobrepasado por la vida o que no se la comprende. Sin
embargo, no vayamos demasiado lejos en esas analogías y volvamos a las palabras
corrientes. Es solamente confesar que eso "no merece la pena". Vivir, naturalmente,
nunca es fácil. Uno sigue haciendo los gestos que ordena la existencia, por muchas
razones, la primera de las cuales es la costumbre. Morir voluntariamente supone que
se ha reconocido, aunque sea instintivamente, el carácter irrisorio de esa costumbre,
la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación
cotidiana y la inutilidad del sufrimiento.

¿Cuál es, pues, ese sentimiento incalculable que priva al espíritu del sueño
necesario a la vida? Un mundo que se puede explicar incluso con malas razones es
un mundo familiar. Pero, por el contrario, en un universo privado repentinamente de
ilusiones y de luces, el hombre se siente extraño. Es un exilio sin recurso, pues está
privado de los recuerdos de una patria perdida o de la esperanza de una tierra
prometida. Tal divorcio entre el hombre y su vida, entre el actor y su decorado, es
propiamente el sentimiento de lo absurdo. Como todos los hombres sanos han
pensado en su propio suicidio, se podrá reconocer, sin más explicaciones, que hay un
vínculo directo entre este sentimiento y la aspiración a la nada.

El tema de este ensayo es, precisamente, esa relación entre lo absurdo y el
suicidio, la medida exacta en que el suicidio es una solución de lo absurdo. Se puede
sentar como principio que para un hombre que no hace trampas lo que cree verdadero debe regir su acción. La creencia en lo absurdo de la existencia debe
gobernar, por lo tanto, su conducta. Es una curiosidad legítima la que lleva a
preguntarse, claramente y sin Falso patetismo, si una conclusión de este orden exige
que se abandone lo más rápidamente posible una situación incomprensible. Me
refiero, por supuesto, a los hombres dispuestos a ponerse de acuerdo consigo mismo.

Planteado en términos claros, el problema puede parecer a la vez sencillo einsoluble. Pero se supone equivocadamente que las preguntas sencillas traen consigo
respuestas que no lo son menos y que la evidencia implica la evidencia. A priori, e
invirtiendo los términos del problema, así como uno se mata o no se mata, parece que
no hay sino dos soluciones filosóficas: la del sí y la del no. Eso sería demasiado fácil.
Pero hay que tener en cuenta a los que interrogan siempre sin llegar a una
conclusión. A ese respecto, apenas ironizo: se trata de la mayoría. Veo igualmente
que quienes responden que no, obran como si pensasen que sí. De hecho, si acepto el
criterio nietzscheano, piensan que sí de una u otra manera. Por el contrario, quienes
se suicidan suelen estar con frecuencia seguros del sentido de la vida. Estas
contradicciones son constantes. Hasta se puede decir que nunca han sido tan vivas
como con respecto a ese punto en el que la lógica, por el contrario, parece tan
deseable. Es un lugar común comparar las teorías filosóficas con la conducta de
quienes las profesan. Pero es necesario decir que, salvo Kirilov, que pertenece a la
literatura, Peregrinos, que nace de la leyenda, y Jules Lequier, que nos remite a la
hipótesis, ninguno de los pensadores que negaban un sentido a la vida, se puso de
acuerdo con su lógica hasta el punto de rechazar la vida. Se cita con frecuencia, para
reírse de él, a Schopenhauer, quien elogiaba el suicidio ante una mesa bien provista.
No hay en ello motivo para burlas. Esta manera de no tomarse en serio lo trágico no
es tan grave, pero termina juzgando a quien la adopta.


Ante estas contradicciones y estas oscuridades, ¿hay que creer, por lo tanto, que
no existe relación alguna entre la opinión que se pueda tener de la vida y el acto que
se realiza para abandonarla? No exageremos en este sentido. En el apego de un
hombre a su vida hay algo más fuerte que todas las miserias del mundo. El juicio del
cuerpo equivale al del espíritu y el cuerpo retrocede ante el aniquilamiento.
Adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar. En la carrera que nos
precipita cada día un poco más hacia la muerte, el cuerpo conserva una delantera
irreparable. Finalmente, lo esencial de esta contradicción reside en lo que yo llamaría
la evasión, porque es a la vez menos y más que la diversión en el sentido pascaliano.
El juego constante consiste en eludir. La evasión típica, la evasión mortal que
constituye el tercer tema de este ensayo, es la esperanza: esperanza de otra vida que
hay que "merecer", o engaño de quienes viven no para la vida misma, sino para
alguna gran idea que la supera, la sublima, le da un sentido y la traiciona.

Todo contribuye así a enredar las cosas. No en vano se ha jugado hasta ahora
con las palabras y se ha fingido creer que negar un sentido a la vida lleva
forzosamente a declarar que no vale la pena de vivirla. En verdad, no hay
equivalencia forzosa alguna entre ambos juicios. Lo único que hay que hacer es no
dejarse desviar por las confusiones, los divorcios y las inconsecuencias que venimos
señalando. Hay que apartarlo todo e ir directamente al verdadero problema. El que se
mata considera que la vida no vale la pena de vivirla: he aquí una verdad indudable,
pero infecunda, porque es una perogrullada. ¿Pero es que este insulto a la existencia,
este mentís en que se la hunde, procede de que no tiene sentido? ¿Es que su
absurdidad exige la evasión mediante la esperanza o el suicidio? Esto es lo que se
debe poner en claro, averiguar e ilustrar, dejando de lado todo lo demás. ¿Lo
Absurdo impone la muerte? Este es el problema al que hay que dar prioridad sobrelos demás, al margen de todos los métodos de pensamiento y de los juegos del
espíritu desinteresado. Los matices, las contradicciones, la psicología que un espíritu
"objetivo" sabe introducir siempre en todos los problemas, no tienen cabida en el
análisis de esta pasión. Lo único que hace falta es el pensamiento injusto, es decir
lógico. Esto no es fácil. Es fácil siempre ser lógico. Pero es casi imposible ser lógico
hasta el fin. Los hombres que se matan siguen así hasta el final la pendiente de su
sentimiento. La reflexión sobre el suicidio me proporciona, por lo tanto, la ocasión
para plantear el único problema que me interesa: ¿hay una lógica hasta la muerte? No
puedo saberlo sino siguiendo, sin apasionamiento desordenado, a la sola luz de la
evidencia, el razonamiento cuyo origen indico. Es lo que llamo un razonamiento
absurdo. Muchos lo han comenzado, pero no sé todavía si se han atenido a él.

Cuando Karl Jaspers, revelando la imposibilidad de constituir al mundo en
unidad, exclama: "Esta limitación me lleva a mí mismo, allá donde ya no me retiro
detrás de un punto de vista objetivo que no hago sino representar, allá donde ni yo
mismo ni la existencia ajena puede ya convertirse en objeto para mí", evoca, después
de otros muchos, esos lugares desiertos y sin agua en los cuales el pensamiento llega
a sus confines. Después de otros muchos, sí, sin duda, ¡pero cuán impacientes por
escapar! A esta última vuelta en la que el pensamiento vacila han llegado muchos
hombres, y de los más humildes. Estos renunciaban entonces a lo más querido que
poseían y que era su vida. Otros, príncipes del espíritu, han renunciado también, pero
a lo que llegaron en su rebelión más pura fue al suicidio de su pensamiento. El
verdadero esfuerzo consiste, por el contrario, en atenerse a él tanto como sea posible
y en examinar Je cerca la vegetación barroca de esas alejadas regiones. La tenacidad
y la clarividencia son espectadores privilegiados de ese juego inhumano en el que lo
absurdo, la esperanza y la muerte intercambian sus réplicas. El espíritu puede
entonces analizar las figuras de esta danza, a la vez elemental y sutil, antes de
ilustrarlas y revivirlas él mismo.




Los muros absurdos


Como las grandes obras, los sentimientos profundos declaran siempre más de lo
que dicen conscientemente. La constancia de un movimiento o de una repulsión en
un alma se vuelve a encontrar en los hábitos de hacer o de pensar y tiene
consecuencias que el alma misma ignora. Los grandes sentimientos pasean consigo
su universo, espléndido o miserable. Iluminan con su pasión un mundo exclusivo en
el que vuelven a encontrar su clima. Hay un universo de la envidia, de la ambición,
del egoísmo o de la generosidad. Un universo, es decir, una metafísica y una actitud
espiritual. Lo que es cierto de los sentimientos ya especializados lo será todavía más
de las emociones tan indeterminadas en su base, a la vez tan confusas y tan "ciertas",
tan lejanas y tan "presentes" como pueden ser las que nos produce lo bello o suscita
lo absurdo.

La sensación de absurdo a la vuelta de cualquier esquina puede sentirla
cualquier hombre. Como tal, en su desnudez desoladora, en su luz sin brillo, es
inasible. Pero esta dificultad merece una reflexión. Es probablemente cierto que un
hombre nos sea desconocido para siempre y que haya siempre en él algo irreductibleque nos escape. Pero prácticamente, conozco a los hombres y los reconozco por su
conducta, por el conjunto de sus actos, por las consecuencias que su paso suscita en
la vida. Del mismo modo, puedo definir prácticamente, apreciar prácticamente todos
esos sentimientos irracionales que no podría captar el análisis; puedo reunir la suma
de sus consecuencias en el orden de la inteligencia, aprehender y anotar todos sus
aspectos, recordar su universo. Es cierto que en apariencia no conoceré mejor a un
actor personalmente por haberlo visto cien veces. Sin embargo, si sumo los héroes
que ha encarnado y si digo que le conozco un poco más al tener en cuenta el
centésimo personaje, se tendrá la sensación de que hay en ello una parte de verdad.
Pues esta paradoja aparente es también un apólogo. Tiene una moraleja. Enseña que
un hombre se define tanto por sus comedias como por sus impulsos sinceros. Existe
en ello un tono más bajo de los sentimientos, inaccesibles en el corazón, pero que
revelan parcialmente los actos que animan y las actitudes espirituales que suponen.
Puede advertirse que así defino un método. Pero se advierte también que este método
es de análisis y no de conocimiento. Pues los métodos implican metafísicas, revelan
sin saberlo conclusiones que a veces pretenden no conocer todavía. Así, las ultimas
páginas de un libro están ya en las primeras. Este nudo es inevitable. El método aquí
definido confiesa la sensación de que todo verdadero conocimiento es imposible.
Sólo pueden enumerarse las consecuencias y sólo el clima puede hacerse sentir.

Quizá podamos alcanzar el inaprehensible sentimiento de lo absurdo en los
mundos diferentes pero fraternos de la inteligencia, del arte de vivir o del arte
simplemente. El clima del absurdo está al comienzo. El final es el universo absurdo y
la actitud espiritual que ilumina al mundo con una luz que le es propia, con el fin de
hacer resplandecer ese rostro privilegiado e implacable que ella sabe reconocerle.

Todas las grandes acciones y todos los grandes pensamientos tienen un
comienzo irrisorio. Las grandes obras nacen con frecuencia a la vuelta de una
esquina o en la puerta giratoria de un restaurante. Lo mismo sucede con la
absurdidad. El mundo absurdo más que cualquier otro extrae su nobleza de ese
nacimiento miserable. En ciertas situaciones responder "nada" a una pregunta sobre
la naturaleza de sus pensamientos puede ser una finta en un hombre. Los amantes lo
saben muy bien. Pero si esa respuesta es sincera, si traduce ese singular estado del
alma en el cual el vacío se hace elocuente, en el que la cadena de los gestos
cotidianos se rompe, en el cual el corazón busca en vano el eslabón que la reanuda,
entonces es el primer signo de la absurdidad.

Suele suceder que los decorados se derrumben. Levantarse, coger el tranvía,
cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la
cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo
ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un
día surge el "por qué" y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro.

"Comienza": esto es importante. La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y
provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el
despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia:
suicidio o restablecimiento. En sí misma la lasitud tiene algo de repugnante. Debo
concluir que es buena, pues todo comienza por la conciencia y nada vale sino por ella. Estas observaciones no tienen nada de original. Pero son evidentes, y eso basta
por algún tiempo, al efectuar un reconocimiento somero de los orígenes de lo
absurdo. La simple "inquietud" está en el origen de todo.
Asimismo, y durante todos los días de una vida sin brillo, el tiempo nos lleva.
Pero siempre llega un momento en que hay que llevarlo. Vivimos del porvenir:
"mañana", "más tarde", "cuando tengas una posición", "con los años comprenderás .
Estas inconsecuencias son admirables, pues, al fin y al cabo, se trata de morir. Llega,
no obstante, un día en que el hombre comprueba o dice que tiene treinta años. Así
afirma su juventud. Pero al mismo tiempo se sitúa con relación al tiempo. Ocupa en
él su lugar. Reconoce que se halla en cierto momento de una curva que confiesa tener
que recorrer. Pertenece al tiempo, y a través del horror que se apodera de él reconoce
en aquél a su peor enemigo. El mañana, anhelaba el mañana, cuando todo él debía
rechazarlo. Esta rebelión de la carne es lo absurdo.

Un peldaño más abajo y nos encontramos con lo extraño: advertimos que el
mundo es "espeso", entrevemos hasta qué punto una piedra nos es extraña e
irreductible, con qué intensidad puede negarnos la naturaleza, un paisaje. En el fondo
de toda belleza yace algo inhumano, y esas colinas, la dulzura del cielo, esos dibujos
de árboles pierden, al cabo de un minuto, el sentido ilusorio con que los revestíamos
y en adelante quedan más lejanos que un paraíso perdido. La hostilidad primitiva del
mundo remonta su curso hasta nosotros a través de los milenios. Durante un segundo
no lo comprendemos, porque durante siglos de él hemos comprendido las figuras y
los dibujos que poníamos previamente, porque en adelante nos faltarán las fuerzas
para emplear ese artificio. El mundo se nos escapa porque vuelve a ser él mismo.
Esas apariencias enmascaradas por la costumbre vuelven a ser lo que son. Se alejan
de nosotros. Así como hay días en que bajo su rostro familiar se ve como a una
extraña a la mujer amada desde hace meses o años, así también quizá lleguemos a
desear hasta lo que nos deja de pronto tan solos. Pero todavía no ha llegado ese
momento. Una sola cosa: este espesor y esta extrañeza del mundo es lo absurdo.

También los hombres segregan lo inhumano. En ciertas horas de lucidez, el
aspecto mecánico de sus gestos, su pantomima carente de sentido vuelven estúpido
cuanto les rodea. Un hombre habla por teléfono detrás de un tabique de vidrio; no se
le oye, pero se ve su mímica sin sentido: uno se pregunta por qué vive. Este malestar
ante la inhumanidad del hombre mismo, esta caída incalculable ante la imagen de lo
que somos, esta "náusea", como la llama un autor de nuestros días, es también lo
absurdo. El extraño que, en ciertos segundos, viene a nuestro encuentro en un espejo;
el hermano familiar y, sin embargo, inquietante que volvemos a encontrar en nuestras
propias fotografías, son también lo absurdo.

Llego, por fin, a la muerte y al sentimiento que tenemos de ella. Todo está dicho
sobre este punto y lo decente es no incurrir en lo patético. Sin embargo, nunca se
asombrará demasiado ante el hecho de que todo el mundo viva como si nadie "lo
supiese' . Es que, en realidad, no hay una experiencia de la muerte. En el sentido
propio, no es experimentado sino lo que ha sido vivido y hecho consciente. Aquí lo
más que puede hacerse es hablar de la experiencia de la muerte ajena. Es un
sucedáneo, una opinión que nunca nos convence del todo. Este convencionalismo melancólico no puede ser persuasivo. El horror procede en realidad del lado
matemático del acontecimiento. Si el tiempo nos espanta es porque da la
demostración; la solución viene luego. Todos los grandes discursos sobre el alma van
a recibir aquí, por lo menos durante un tiempo, la prueba del nueve de su contrario.
De cuerpo inerte en el que ya no deja huella una bofetada, ha desaparecido el alma.
Ese lado elemental y definitivo de la aventura constituye el contenido de la sensación
absurda. Bajo la iluminación mortal de ese destino aparece la inutilidad. Ninguna
moral ni esfuerzo alguno pueden justificarse a priori ante las sangrientas matemáticas
que ordenan nuestra condición.

Repito que todo esto ha sido dicho y redicho. Me limito aquí a hacer una
clasificación rápida y a indicar estos temas evidentes. Circulan a través de todas las
literaturas y todas las filosofías. La conversación cotidiana se nutre de ellos. No se
trata de volver a inventarlos. Pero hay que asegurarse de estas evidencias para poder
interrogarse luego sobre la cuestión primordial. Lo que me interesa, quiero repetirlo,
no son tanto los descubrimientos absurdos como sus consecuencias. Si se está seguro
de estos hechos, ¿qué hay que deducir de ellos, hasta dónde hay que ir para no
estudiar nada? ¿Habrá que morir voluntariamente o esperar a pesar de todo? Antes es
necesario realizar el mismo recuento rápido en el plano de la inteligencia.

La primera operación de la mente consiste en distinguir lo que es cierto de lo
que es falso. Sin embargo, en cuanto el pensamiento reflexiona sobre sí mismo lo
primero que descubre es una contradicción. A este respecto es inútil esforzarse por
ser convincente. Desde hace siglos nadie ha dado de este asunto una demostración
más clara y elegante que Aristóteles: "La consecuencia, con frecuencia ridiculizada,
de estas opiniones es que se destruyen a sí mismas. Pues al afirmar que todo es cierto
afirmamos la verdad de la afirmación opuesta y, por consiguiente, la falsedad de
nuestra propia tesis (pues la afirmación opuesta no admite que ella pueda ser cierta).
Y si se dice que todo es falso esta afirmación resulta también falsa. Si se declara que
sólo es falsa la afirmación opuesta a la nuestra, o bien que sólo la nuestra es falsa, se
está, no obstante, obligado a admitir un número infinito de juicios verdaderos o
falsos. Pues quien emite una afirmación cierta declara al mismo tiempo que es cierta,
y así sucesivamente hasta el infinito".

Este círculo vicioso no es sino el primero de una serie en la cual la mente que se
inclina sobre sí misma se pierde en un remolino vertiginoso. La simplicidad misma
de estas paradojas hace que sean irreductibles. Cualesquiera que sean los juegos de
palabras y las acrobacias de la lógica, comprender es, ante todo, unificar. El deseo
profundo del espíritu mismo en sus operaciones más evolucionadas se une al
sentimiento inconsciente del hombre ante su universo: es exigencia de familiaridad,
apetito de claridad. Para un hombre, comprender el mundo es reducirlo a lo humano,
marcarlo con su sello. El universo del gato no es el universo del oso hormiguero. La
perogrullada "todo pensamiento es antropomórfico" no tiene otro sentido. Del mismo
modo, el espíritu que trata de comprender la realidad no puede considerarse
satisfecho salvo si la reduce a términos de pensamiento. Si el hombre reconociese
que también el universo puede amar y sufrir, se reconciliaría. Si el pensamiento
descubriese en los espejos cambiantes de los fenómenos relaciones eternas que los
pudiesen resumir a sí mismas en un principio único, se podría hablar de una dicha del espíritu de la que el mito de los bienaventurados no sería sino una imitación ridícula.

Esta nostalgia de unidad, este apetito de absoluto ilustra el movimiento esencial del
drama humano. Pero que esta nostalgia sea un hecho no implica que deba ser
satisfecha inmediatamente. Pues si, salvando el abismo que separa el deseo de la
conquista, afirmamos con Parménides la realidad del Uno (cualquiera que sea),
caemos en la ridícula contradicción de un espíritu que afirma la unidad total y prueba
con su afirmación misma su propia diferencia y la diversidad que pretendía resolver.
Este otro círculo vicioso basta para ahogar nuestras esperanzas.

Se trata también de evidencias. Vuelvo a repetir que no son interesantes en sí
mismas, sino por las consecuencias que se puede sacar de ellas. Conozco otra
evidencia: la que me dice que el hombre es mortal. Pueden contarse, no obstante, las
personas que han sacado de ellas las conclusiones extremas. En este ensayo hay que
considerar como una perpetua referencia el desnivel constante entre lo que nos
imaginamos saber y lo que sabemos realmente, el consentimiento práctico y la
ignorancia simulada hace que vivamos con ideas que, si las pusiéramos a prueba
verdaderamente, deberían trastornar toda nuestra vida. Ante esta contradicción
inextricable del espíritu captaremos plenamente el divorcio que nos separa de
nuestras propias creaciones. Mientras el espíritu calla en el mundo inmóvil de sus
esperanzas, todo se refleja y se ordena en la unidad de su nostalgia. Pero apenas hace
su primer movimiento, ese mundo se agrieta y se derrumba: una infinidad de trozos
que lo reflejan se ofrecen al conocimiento. Hay que desesperar de que podamos
reconstruir alguna vez la superficie familiar y tranquila que nos daría la paz del
corazón. Después de tantos siglos de investigaciones y de tantas abdicaciones de los
pensadores, sabemos que esto es cierto para todo nuestro conocimiento. Con
excepción de los racionalistas declarados, todos desesperan actualmente del
verdadero conocimiento. Si hubiera que escribir la única historia significativa del
pensamiento humano, habría que hacer la de sus arrepentimientos sucesivos y fa de
sus impotencias. ¿De quién y de qué puedo decir, en efecto: "¡Lo conozco!"? Puedo
sentir mi corazón y juzgar que existe. Puedo tocar este mundo y juzgar también que
existe. Ahí termina toda mi ciencia y lo demás es construcción. Pues si trato de
captar ese yo del cual me aseguro, si trato de definirlo y resumirlo, ya no es sino agua
que corre entre mis dedos. Puedo dibujar uno a uno todos los rostros que toma, así
como todos los que se le han dado: esta educación, este origen, este ardor o estos silencios, esta grandeza o esta bajeza. Pero no se suman los rostros. Este mismo
corazón mío me resultará siempre indefinible. Entre la certidumbre que tengo de mi
existencia y el contenido que trato de dar a esta seguridad hay un foso que nunca será
colmado. Seré siempre extraño a mí mismo. En psicología, como en lógica, hay
verdades, pero no verdad. El "conócete a ti mismo" de Sócrates vale tanto como el
"sé virtuoso" de nuestros confesonarios. Revelan una nostalgia al mismo tiempo que
una ignorancia. Son juegos estériles sobre grandes temas. No son legítimos sino en la
medida exacta en que son aproximativos.

He aquí también unos árboles cuya aspereza conozco, y un agua que saboreo.
Estos perfumes de hierba y de estrellas, la noche, ciertos crepúsculos en que el
corazón se dilata: ¿ cómo negaría yo este mundo cuya potencia y cuyas fuerzas
experimento? Sin embargo, toda la ciencia de esta tierra no me dará nada que puedaasegurarme que este mundo es mío. Me lo describís y me enseñáis a clasificarlo. Me
enumeráis sus leyes y en mi sed de saber consiento en que sean ciertas. Desmontáis
su mecanismo y mi esperanza aumenta. En último término, me enseñáis que este
universo prestigioso y abigarrado se reduce al átomo y que el átomo mismo se reduce
al electrón. Todo esto está bien y espero que continuéis. Pero me habláis de un
invisible sistema planetario en el que los electrones gravitan alrededor de un núcleo.
Me explicáis este mundo con una imagen. Reconozco entonces que habéis ido a
parar a la poesía: no conoceré nunca. ¿Tengo tiempo para indignarme por ello? Ya
habéis cambiado de teoría. Así, esta ciencia que debía enseñármelo todo termina en
la hipótesis, esta lucidez naufraga en la metáfora, esta incertidumbre se resuelve en
obra de arte. ¿Qué necesidad tenía yo de tantos esfuerzos? Las líneas suaves de esas
colinas y la mano del crepúsculo sobre este corazón agitado me enseñan mucho más.
He vuelto a mi comienzo. Comprendo que si bien puedo, por medio de la ciencia,
captar los fenómenos y enumerarlos, no puedo aprehender el mundo. Cuando haya
seguido con el dedo todo su relieve no sabré más que ahora. Y vosotros me dais a
elegir entre una descripción que es cierta, pero que no me enseña nada, y unas
hipótesis que pretenden enseñarme, pero que no son ciertas. Extraño a mí mismo y a
este mundo, armado únicamente con un pensamiento que se niega a sí mismo en
cuanto afirma, ¿qué condición es ésta en la que no puedo conseguir la paz sino
negándome a saber y a vivir, en la que el deseo de conquista choca con muchos que
desafían sus asaltos? Querer es suscitar las paradojas. Todo está ordenado para que
nazca esa paz emponzoñada que dan la indiferencia, el sueño del corazón o los
renunciamientos mortales.

También la inteligencia me dice, por lo tanto, a su manera, que este mundo es
absurdo. Es inútil que su contraria, la razón ciega, pretenda que todo está claro; yo
esperaba pruebas y deseaba que tuviese razón. Mas a pesar de tantos siglos presuntuosos y por encima de tantos hombres elocuentes y persuasivos, sé que eso es
falso. En este plano, por lo menos, no hay felicidad si no puedo saber. Esta razón
universal, práctica o moral, este determinismo, estas categorías que explican todo son
como para hacer reír al hombre honrado. Nada tienen que ver con el espíritu. Niegan
su verdad profunda: que está encadenado. En este universo indescifrable y limitado
adquiere en adelante un sentido el destino del hombre. Una multitud de elementos
irracionales se ha alzado y lo rodea hasta su fin último. En su clarividencia recobrada
y ahora concertada se aclara y se precisa el sentimiento de lo absurdo. Yo decía que
el mundo es absurdo y me adelantaba demasiado. Todo lo que se puede decir es que
este mundo, en sí mismo, no es razonable. Pero lo que resulta absurdo es la
confrontación de ese irracional y ese deseo desenfrenado de claridad cuyo
llamamiento resuena en lo más profundo del hombre. Lo absurdo depende tanto del
hombre como del mundo. Es por el momento su único lazo. Une el uno al otro como
sólo el odio puede unir a los seres. Eso es todo lo que puedo discernir claramente en
este universo sin medida donde tiene lugar mi aventura. Detengámonos aquí. Si
tengo por cierto este absurdo que rige mis relaciones con la vida, si me empapo de
este sentimiento que me embarga ante los espectáculos del mundo, de esta
clarividencia que me impone la búsqueda de una ciencia, debo sacrificar todo a estas
certidumbres y debo mirarlas de frente para poder mantenerlas. Sobre todo, deboajustar a ellas mi conducta y seguirlas en todas sus consecuencias. Hablo aquí de
honradez, pero quiero saber antes si el pensamiento puede vivir en estos desiertos.
Sé ya que el pensamiento ha entrado por lo menos en esos desiertos. Ha
encontrado en ellos su pan. Ha comprendido en ellos que hasta ahora se alimentaba
con fantasmas. Ha dado pretexto a algunos de los temas más apremiantes de la
reflexión humana.

Desde el momento en que se le reconoce, el absurdo se convierte en una pasión,
en la más desgarradora de todas. Pero toda la cuestión consiste en saber si uno puede
vivir con sus pasiones, en saber si se puede aceptar su ley profunda que es la de
quemar el corazón que al mismo tiempo exaltan. No es, sin embargo, la cuestión que
vamos a plantear ahora. Está en el centro de esta experiencia y ya tendremos tiempo
de volver a ella. Examinemos más bien los temas y los impulsos nacidos del desierto.
Bastará con enumerarlos. A éstos también los conocen todos en la actualidad.
Siempre ha habido hombres que han defendido los derechos de lo irracional. La
tradición de lo que se puede llamar el pensamiento humillado nunca ha dejado de
estar viva. Se ha hecho tantas veces la crítica del racionalismo que parece innecesario
volver a hacerla. Sin embargo, nuestra época ve el renacimiento de esos sistemas
paradójicos que se ingenian para hacer que tropiece la razón como si verdaderamente
ésta hubiese andado siempre con paso seguro. Pero esto no es tanto una prueba de la
eficacia de la razón como de la vivacidad de sus esperanzas. En el plano de la historia, esta constancia de dos actitudes ilustra la pasión esencial del hombre,
desgarrado entre su tendencia hacia la unidad y la visión clara que puede tener de los
muros que lo encierran.

Pero quizá nunca haya sido más vivo que en nuestro tiempo el ataque contra la
razón. Desde el gran grito de Zaratustra: '"Por casualidad, es la nobleza más vieja del
mundo. Yo se la he devuelto a todas las cosas cuando he dicho que por encima de
ellas ninguna voluntad eterna quería"; desde la enfermedad mortal de Kierkegaard,
"este mal que conduce a la muerte sin nada después de ella", se han sucedido los
temas significativos y torturantes del pensamiento absurdo. O, por lo menos, y este
matiz es capital, los del pensamiento irracional y religioso. De Jaspers a Heidegger,
de Kierkegaard a Chestov, de los fenomenólogos a Scheler, en el plano lógico y en el
plano moral, toda una familia de espíritus emparentados por su nostalgia, opuestos
por sus métodos o sus fines, se han dedicado con afán a cerrar la vía real de la razón
y a volver a encontrar los rectos caminos de la verdad. Doy por supuesto aquí que
esos pensamientos son conocidos y vividos. Cualesquiera que sean o que hayan sido
sus ambiciones, todos han partido de este universo indecible en el que reinan la
contradicción, la antinomia, la angustia o la impotencia. Y justamente los temas que
hemos venido indicando es lo que tienen en común. También con respecto a ellos es
necesario decir que lo que importa sobre todo son las conclusiones que hayan podido
sacar de esos descubrimientos. Importa tanto que habrá que examinarlos por
separado. Pero por el momento se trata solamente de sus descubrimientos y sus
experiencias iniciales. Se trata únicamente de comprobar su concordancia. Si bien
sería presuntuoso querer tratar de sus filosofías, es posible y suficiente, en todo caso,
hacer sentir el clima que les es común.

Heidegger considera fríamente la condición humana y anuncia que estaexistencia está humillada. La única realidad es la "inquietud" en toda la escala de los
seres. Para el hombre perdido en el mundo y en sus diversiones, esa inquietud es un
temor breve y fugitivo. Pero si ese temor adquiere conciencia de sí mismo se
convierte en la angustia, clima perpetuo del hombre lúcido "en el que vuelve a
encontrarse la existencia". Este profesor de filosofía escribe sin temblar y en el
lenguaje más abstracto del mundo que "el carácter finito y limitado de la existencia
humana es más primordial que el hombre mismo". Se interesa por Kant, pero es para
reconocer el carácter limitado de su "Razón pura". Es para llegar, al término de sus
análisis, a la conclusión de que "el mundo no puede ya ofrecer nada al hombre
angustiado". La verdad de esta inquietud le parece de tal modo más importante que
todas las categorías del razonamiento, que no piensa más que en ella y no habla sino
de ella. Enumera sus rostros: de fastidio cuando el hombre trivial trata de nivelarla en
sí mismo y de aturdiría; de terror cuando el espíritu contempla la muerte. Tampoco él
separa la conciencia de lo absurdo. La conciencia de la muerte es el llamamiento de
la inquietud y la "existencia se dirige entonces un llamamiento a sí misma por medio
de la conciencia". Es la voz misma de la angustia y exhorta a la existencia a que "se
recupere ella misma de su pérdida en el 'se' anónimo". También él opina que no hay
que dormir y que es necesario velar hasta la consumación. Se mantiene en este
mundo absurdo y señala su carácter perecedero. Busca su camino en medio de estos
escombros.

Jaspers desespera de toda ontología porque pretende que hemos perdido la
"ingenuidad". Sabe que no podemos llegar a nada que trascienda el juego mortal de
las apariencias. Sabe que el final del espíritu es el fracaso. Se demora en las aventuras espirituales que nos ofrece la historia y descubre implacablemente el fallo de
cada sistema, la ilusión que lo ha salvado todo, la predicación que no ha ocultado
nada. En este mundo devastado donde está demostrada la imposibilidad de conocer,
donde la nada parece la única realidad y la desesperación sin recurso la única actitud,
trata de encontrar el hilo de Ariadna que lleva a los secretos divinos.
Chestov, por su parte, a lo largo de una,obra de admirable monotonía, orientado,
sin cesar hacia las mismas verdades, demuestra sin descanso que el sistema más
cerrado, el racionalismo más universal, termina siempre chocando con lo irracional
del pensamiento humano. No se le escapa ninguna de las evidencias irónicas, de las
contradicciones irrisorias que menosprecian la razón. Una sola cosa le interesa y es la
excepción, bien sea de la historia del corazón o del espíritu. A través de las
experiencias dostoievskianas del condenado a muerte, de las aventuras exasperadas
del espíritu nietzscheano, de las imprecaciones de Hamlet o de la amarga aristocracia
de un Ibsen, descubre, aclara y magnifica la rebelión humana contra lo irremediable.
Niega sus razones a la razón y no comienza a dirigir sus pasos con alguna decisión
sino en el centro de ese desierto sin colores en el que todas las certidumbres se han
convertido en piedras.

Kierkegaard, quizás el más interesante de todos, por lo menos a causa de una
parte de su existencia, hace algo más que descubrir lo absurdo: lo vive. El hombre
que escribe: "El más seguro de los mutismos no consiste en callarse, sino en hablar",
se asegura, para comenzar, de que ninguna verdad es absoluta y no puede hacer
satisfactoria una existencia imposible en sí misma. Don Juan del conocimiento,multiplica los seudónimos y las contradicciones, escribe los Discursos edificantes al
mismo tiempo que ese manual del espiritualismo cínico que se llama el Diario del
seductor. Rechaza los consuelos, la moral, los principios tranquilizadores. No
procura calmar el dolor de la espina que siente en el corazón. Lo excita, por el
contrario y, con la alegría desesperada de un crucificado contento de serlo, construye
pieza a pieza, con lucidez, negación y comedia, una categoría de lo demoníaco. Este
rostro a la vez tierno e irónico, estas piruetas seguidas de un grito que sale del fondo
del alma son el espíritu absurdo mismo en lucha con una realidad que lo supera. Y la
aventura espiritual que lleva a Kierkegaard a sus queridos escándalos comienza
también en el caos de una experiencia privada de sus decorados y vuelta a su
incoherencia primera.

En un plano muy distinto, el del método, con sus exageraciones mismas,
Husserl y los fenomenólogos restituyen al mundo su diversidad y niegan el poder
trascendente de la razón. El universo espiritual se enriquece con ellos de una manera
incalculable. El pétalo de rosa, el mojón kilométrico o la mano humana tienen tanta
importancia como el amor, el deseo o las leyes de la gravitación. Pensar no es ya
unificar, hacer familiar la apariencia bajo el rostro de un gran principio. Pensar es
aprender de nuevo a ver, a estar atento; es dirigir la propia conciencia, hacer de cada
idea y de cada imagen, a la manera de Proust, un lugar privilegiado. Paradójicamente
todo está privilegiado. Lo que justifica el pensamiento es su extremada conciencia.
Aunque sea más positivo que los de Kierkegaard o Chestov, el sistema husserliano,
en su origen, niega, sin embargo, el método clásico de la razón, decepciona a la
esperanza, abre a la intuición y al corazón toda una proliferación de fenómenos cuya
riqueza tiene algo de inhumano. Estos caminos llevan a todas las ciencias o a
ninguna. Es decir, que el medio tiene aquí más importancia que el fin. Se trata
solamente "de una actitud para conocer" y no de un consuelo. Una vez más, por lo
menos en el origen.

¡Cómo no advertir el parentesco profundo de esos pensadores! ¿Cómo no ver
que se reagrupan alrededor de un lugar privilegiado y amargo donde la esperanza ya
no tiene cabida? Quiero que me sea explicado todo o nada. Y la razón es impotente
ante ese grito del corazón. El espíritu despertado por esta exigencia busca y no
encuentra sino contradicciones y desatinos. Lo que yo no comprendo carece de
razón. El mundo está lleno, de estas irracionalidades. El mundo mismo, cuya
significación única no comprendo, no es sino una inmensa irracionalidad. Si se
pudiera decir una sola vez: "esto está claro", todo se salvaría. Pero estos hombres
proclaman a porfía que nada está claro, que todo es caos, que el hombre conserva
solamente su clarividencia y el conocimiento preciso de los muros que lo rodean.
Todas estas experiencias concuerdan y se recortan. El espíritu llegado a los
confines debe juzgar y elegir sus conclusiones. En ese punto se sitúan el suicidio y la
respuesta. Pero quiero invertir el orden de la investigación y partir de la aventura
inteligente para volver a los gestos cotidianos. Las experiencias aquí evocadas han
nacido en el desierto que no hay que abandonar. Por lo menos hay que saber hasta
dónde han llegado. En ese punto de su esfuerzo el hombre se halla ante lo irracional.
Siente en sí mismo su deseo de dicha y de razón. Lo absurdo nace de esta
confrontación entre el llamamiento humano y el silencio irrazonable del mundo. Estoes lo que no hay que olvidar. A esto es a lo que hay que aferrarse, puesto que toda la
consecuencia de una vida puede nacer de ello. Lo irracional, la nostalgia humana y lo
absurdo que surge de su enfrentamiento son los tres personajes del drama que debe
terminar necesariamente con toda la lógica de que es capaz una existencia.

extremos alegre trizte frio calor todo se converge en un punto equilibrio como el pasado el futuro y el presente pero cuando es 0 y cuando es infinito 

Todos los momentos suceden al mismo tiempo

martes, 18 de octubre de 2022

Los mejores & clàsicos arcades para mí

  • Golden Axe (Sega AM1)(1989)(Beat'em up) .Dios del género beat'em up y hack and slash , muy popularizado en la segunda mitad de los 80 y primera de los 90. Nada más ochentero que los musculos y mujeres pechochas, Heman,Rambo, Conan, etc.100%
  • Street Fighter II: The World Warrior (Capcom)(1991)(Lucha). Él JUEGO DE LUCHA Y ÉL JUEGO EN LOS 90S, redefinió los juegos de lucha y su jugabilidad lo hizo el más popular de todos. 100%
  • Space Harrier (SEGA)(1985)(Shots on rails).La versión cabina móvil era  increible, un videojuegos de disparos que estaba años luz en su generación y fue clonada en todas las plataformas, pero nunca con la magia de su versión arcade. 100%
  • Sunset Riders (Konami)(1991)(Run and Gun). Otro de los best seller de 2 y 4 jugadores, disparos y diversión asegurada.98%
  • Out Run (Sega-AM2)(1986)(Carrera),un viedeojuego de carrera que no envejece y su sound track es genial.100%
  • X-Men: The Arcade Game (Konami)(1992),(Beat'em up).En la ola de serie animada de los 90s, X-Men presentaba como uno de los mejores juegos justamente para jugar en grupo, era bestial para la epoca los niveles, las voces, los boss. Era mejor juego grupal que individual.91%
  • Starforce (Tehkan)(1984)(Scrolling shooter).Clásico matamarcianos de los 80s y 90s en Argentinam estaba en casi todas las salas.91%
  • The Simpsons Arcade Game (Konami)(1991)(Beat'em up).Si algo es 90s son The Simpsons que no podían faltar con un clásico de muchas salas, y uno de los grandes videgames para jugar de 4. El arcade le hacia honor a la popularidad de los Simpsons. 92%
  • Teenage Mutant Ninja Turtles(Konami)(1989)(Beat'em up).Las tortugas son tan exitosas en todo de la misma forma, que en el los videosjuegos no podian ser menos, clásico arcade para cuatro (está entre los mejores 5?)93%
  • Tetris(Alekséi Pázhitnov)(1984)(Puzzle).El videojuego más versionado de la historia, clásico de clásicos. 100%
  • NBA Jam(Midway Games)(1993)(Sport).Uno de los pocos arcades de deportes que no sea de fùtbol que logrò tener sus adeptos. Con gran jugabilidad, pero de juego muy ocasional.90%
  • Cadillacs and Dinosaurs(Capcom)(1993)(Beat'em up)90s, Guns and Roses, Cadillacs y Dinosaurios nada màs. 95%

sábado, 15 de octubre de 2022

PELICULAS FAVORITAS

 Películas favoritas de todos los tiempos...


  •  The Godfather (1972) por Francis Ford Coppola. (Todo que hay que saber en la vida esta en la saga The Godfather) "He trabajado para el bienestar de mi familia y siempre me negué a ser una marioneta de los poderosos"
  •  The Godfather Part II (1974) por Francis Ford Coppola. (La mejor secuela, el mejor timeline de un personaje, la mejor escena inicial)
  • Casablanca (1942) por Michael Curtiz. "Tuvo, tiene y tendrá siempre una verdad que contar"(La película grita clásico por todos sus poros; simple, efectiva y completa. La química de la verdad está en la pantalla) 
  • Citizen Kane (1941) por Orson Welles.Un importante magnate estadounidense, Charles Foster Kane, dueño de una importante cadena de periódicos, de una red de emisoras, de dos sindicatos y de una inimaginable colección de obras de arte, muere en Xanadú, su fabuloso castillo de estilo oriental. La última palabra que pronuncia antes de expirar, ”Rosebud”, cuyo significado es un enigma, despierta una enorme curiosidad tanto en la prensa como entre la población. Así, un grupo de periodistas emprende una investigación para desentrañar el misterio. (FILMAFFINITY) (Es un manual practico de cine; planos, efectos, narrativa,utilización de flashback, guion, etc)(Clase revolucionaria de profundidad de campo desde la primera escena) 
  • Back to the Future (1985) por Robert Zemeckis. El adolescente Marty McFly es amigo de Doc, un científico al que todos toman por loco. Cuando Doc crea una máquina para viajar en el tiempo, un error fortuito hace que Marty llegue a 1955, año en el que sus futuros padres aún no se habían conocido. Después de impedir su primer encuentro, deberá conseguir que se conozcan y se casen; de lo contrario, su existencia no sería posible. (FILMAFFINITY) (Es una sinfonia cinematrografica, el dinamico guión fluye con una narrativa visual perfecta. Es el Blockbuster  en estado puro)
  • Det sjunde inseglet (The Seventh Seal) (1962) de Ingmar Bergman. Suecia, mediados del siglo XIV. La Peste Negra asola Europa. Tras diez años de inútiles combates en las Cruzadas, el caballero sueco Antonius Blovk y su leal escudero regresan de Tierra Santa. Blovk es un hombre atormentado y lleno de dudas. En el camino se encuentra con la Muerte que lo reclama. Entonces él le propone jugar una partida de ajedrez, con la esperanza de obtener de Ella respuestas a las grandes cuestiones de la vida: la muerte y la existencia de Dios. (FILMAFFINITY).( La profundidad de ésta alegoría no tiene fin, el existencialismo de Bergman se siente en cada cuadro. Arte en estado puro. Eterno)
  • 12 Angry Men (1957)de Sidney Lumet. Los doce miembros de un jurado deben juzgar a un adolescente acusado de haber matado a su padre. Todos menos uno están convencidos de la culpabilidad del acusado. El que disiente intenta con sus razonamientos introducir en el debate una duda razonable que haga recapacitar a sus compañeros para que cambien el sentido de su voto. (FILMAFFINITY)(Una clase de guión, de dirección, de actuación... La prueba material que el cine es talento y no presupuesto)

  • Rear Window (1954) de Alfred Hitchcock. Un reportero fotográfico (Stewart) se ve obligado a permanecer en reposo con una pierna escayolada. A pesar de la compañía de su novia (Kelly) y de su enfermera (Ritter), procura escapar al tedio observando desde la ventana de su apartamento con unos prismáticos lo que ocurre en las viviendas de enfrente. Debido a una serie de extrañas circunstancias empieza a sospechar de un vecino cuya mujer ha desaparecido. (FILMAFFINITY)(Clase academica de Hitchcock de direccion de planos. Es un cognac, puede ser que algunos no les guste, porque no tienen buen gusto) 

Ideas

 #1 Profundidad de campo, jugar con los desenfoques y enfoques. #2 Plano general (wide shot): Muestra un amplio escenario o entorno, genera...